Cuando se nos reconoció que teníamos derechos humanos
tácitamente aceptaron que estos son violados. Y aun siguen siéndolo.
Es
muy común oír, ver y sentir como plantean políticas, en países capitalistas y
comunistas, para alcanzar una mejor calidad de vida y lograr el confort de la
ciudadanía para un mejor vivir. Ya sea aparatos de aire acondicionado o de
calefacción son “mejorados” o con características “ecológicas” para ofrecernos
las condiciones necesarias para vivir en nuestras casas, lugares de trabajo o
centros comerciales, es decir, la industria y el estado crean condiciones para
ofrecernos las condiciones ambientales más agradables.
Esta
aceptado que un aparato de aire acondicionado o calefacción es un ejemplo de la capacidad evolutiva o de
desarrollo de la humanidad, pero, ¿Cómo es posible aceptar que estos mecanismos
sean ejemplos de la evolución, si son solo para contrarrestar la inclemencia
del clima en el exterior a nuestros
lugares o donde nos mantenemos? Esta pregunta se debe a que el medio ambiente
natural cada vez está más deteriorado por los destrozos causados en el afán de
explotación de los bienes de la naturaleza.
No
nos detendremos a discutir sobre las características del televisor sean buenas
o malas es posible que en la casi totalidad de las viviendas del mundo hay un
aparato de estos, el cual tiene la obligación de crearnos dependencia a su uso
y a la publicidad de los artículos y servicios que nos ofrece el mercado para
“satisfacer nuestras necesidades”. Parece que este aparato y el sistema de
transmisión se confabulan para evitar que salgamos a la calle y mucho menos al
medio ambiente inmediato a nuestras ciudades, salvo en las temporadas de
vacaciones; se debe destacar que igualmente se han creado condiciones de
calidad en los resort para darnos el descanso deseado.
La
inseguridad producida por las aglomeraciones en las grandes urbes se suma a la
separación de la naturaleza cuando nos declararon que éramos ciudadanos, se
crea el contrato implícito con el estado y la sociedad, además de perder la
libertad perdimos la capacidad de procurarnos nuestro alimento, no sembramos,
no criamos un animal para nuestro consumo para pasar a ser dependientes de las
corporaciones “procesadoras de alimentos” para vivir el confort. Los pocos que
se dedican a producir alimentos se ven asediados por las corporaciones
agroalimentarias.
Las
enfermedades naturales se suman a las creadas lo cual ha generado un mercado de
“medicinas” generando una dependencia de la cual no podemos escapar, cuando
sufrimos una enfermedad cuya posibilidad crece a diario por el consumo de
productos llamados alimenticios, en muchos casos modificados genéticamente que
han generado las “epidemias del nuevo milenio” y poder seguir viviendo la vida
de calidad que nos ofrecen.
Las
políticas, en muchos lugares, para mantener las ciudades limpias y podamos
vivir el confort de la ciudad son protegidas por multas a quien ensucie la
ciudad, pero, su recolección es depositada en lugares que generan “desiertos”
de desechos que podrían ser utilizados sacándoles provecho y en pocos lugares
se aprovechan, las grandes empresas extractoras y procesadoras de bienes de la
naturaleza; uranio, petróleo, carbón, hierro, aluminio, etc. Son bienes que
para su explotación y procesamiento significan un daño, “supuestamente
controlado”, para la naturaleza. Y siguen hablando de calidad de vida y
confort.
La
declaración universal de los derechos
humanos supone la atención de los gobiernos en cosas como el derecho a la vida,
al trabajo a una vivienda, estos por resaltar tres de los demás derechos;
curioso, el derecho a vivir en y con la naturaleza, no está contemplado. Luego
las metas del milenio, una meta larga para abastecer de agua potable a la
totalidad de la población del mundo, mientras existen millones de persona
rogando un vaso de agua; solo de una de las metas planteadas para un milenio,
¿por que no en diez años?
Si
seguimos la expresión: “alcanzar una calidad de vida”, debemos entender que
existen características sobresalientes de una vida a otra, al igual que un
producto o servicio sobresale entre los demás de su competencia, en el mercado,
entonces ¿Cómo vamos a alcanzar esa calidad mientras se extiende la
diferenciación entre personas? La diferencia crea egoísmo, desprecio,
inseguridad y por ende no puede haber calidad como excelencia o como meta
en el buen vivir de quienes
habitamos este planeta.
No
bastan las buenas intenciones …si no existen buenas acciones. Las condiciones
de vida deben ser mejoradas, está claro que las mejorías son imprescindibles
para la comunidad mundial; no es posible lograr una igualdad total, que podría
ser intentada, pero si es posible en cuanto a los servicios básicos que le
permita a todos y todas vivir en condiciones aptas para un ser humano. Pero
solo basta oír o leer los discursos de los gobernantes del mundo, sobre todo en
la ONU, la mayoría habla de la protección de la naturaleza y de reducir la
pobreza, ¿Cómo se entiende? Si están hablando de calidad de vida o una vida de
calidad. Solo basta imaginarse que una de las metas del milenio se logre:
“aportar agua potable a la población del mundo” , luego imagínense que este
elemento natural vital para la vida en el planeta sea privatizado; ¿Cómo se
entiende esto?
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